HOMILÍA SOBRE JUAN 17, 1–11a
“Padre, glorifica a tu Hijo”

En este martes de la VII semana de Pascua, el Evangelio según san Juan nos introduce en un momento profundamente íntimo: la oración de Jesús al Padre. Es la llamada “oración sacerdotal”, donde Cristo eleva su mirada al cielo y abre su corazón, revelando su misión y su amor por nosotros. No son solo palabras, es la entrega total de su vida.

Primera clave: La gloria de Dios en la entrega de Cristo.
Jesús ora: “Padre, glorifica a tu Hijo.” Esta gloria no es humana ni superficial; es la gloria de la cruz, del amor llevado hasta el extremo. Jesús glorifica al Padre cumpliendo su voluntad, entregando su vida por la salvación del mundo. Así comprendemos que la verdadera gloria no está en el poder o el éxito, sino en el amor que se da sin medida.

Segunda clave: La vida eterna es conocer a Dios.
Jesús afirma: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.” La vida eterna no comienza después de la muerte; empieza ahora, en la relación viva con Dios. Conocer a Dios es amarlo, confiar en Él y caminar en su presencia. Es una experiencia que transforma el corazón y da sentido a toda la vida.

Tercera clave: Custodiados en el nombre del Padre.
Jesús intercede por sus discípulos: “Padre santo, guárdalos en tu nombre.” No estamos solos en nuestro camino de fe. Cristo ora por nosotros, nos confía al Padre y nos sostiene con su gracia. Esta oración es fuente de consuelo: somos guardados, protegidos y acompañados por el amor de Dios.

Hoy también resuena la primera lectura, donde san Pablo, con corazón de pastor, reconoce que ha cumplido su misión con fidelidad. Su vida, como la de Cristo, es una entrega generosa al servicio del Evangelio. Esto nos invita a preguntarnos: ¿cómo estamos viviendo nuestra propia misión?

Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a levantar también nosotros la mirada al cielo. A vivir en comunión con el Padre, a buscar su gloria en nuestra vida y a confiar en que somos sostenidos por su amor. Que nuestra vida sea también una oración viva, una entrega confiada en las manos de Dios. Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM