
“Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas”
En este viernes de la VII semana de Pascua, el Evangelio según san Juan nos presenta un momento profundamente conmovedor: el encuentro de Jesús resucitado con Pedro. Después de haber negado al Señor, Pedro es restaurado en el amor. No hay reproche, sino una invitación: volver a amar y a servir.
Primera clave: El amor como fundamento de la misión.
Jesús pregunta a Pedro: “¿Me amas?” No le pregunta por sus capacidades ni por su fidelidad pasada, sino por su amor. La misión cristiana nace del amor a Cristo. Solo quien ama de verdad puede servir con autenticidad. Antes de cualquier tarea, está la relación personal con el Señor.
Segunda clave: El perdón que restaura.
Pedro había fallado, pero Jesús le da una nueva oportunidad. Cada respuesta de amor borra el peso de la negación. Así actúa Dios con nosotros: no nos define por nuestras caídas, sino que nos levanta con su misericordia. Siempre es posible comenzar de nuevo.
Tercera clave: Servir como pastores del corazón.
Jesús confía a Pedro una misión: “Apacienta mis corderos.” Esto significa cuidar, acompañar, guiar con amor. No solo es tarea de los pastores de la Iglesia; todos estamos llamados a cuidar de los demás, especialmente de los más débiles. Amar es responsabilizarse del otro.
El Señor también anuncia a Pedro que su camino incluirá la entrega total. Seguir a Cristo implica dar la vida, cada día, en lo pequeño y en lo grande. Es un camino exigente, pero lleno de sentido.
Hoy, al recordar a santas como Santa Joaquina Vedruna o Santa Rita de Casia, vemos ejemplos concretos de este amor fiel, paciente y entregado, incluso en medio de dificultades.
Queridos hermanos, el Señor también nos pregunta hoy: “¿Me amas?” Respondamos con sinceridad y dejemos que ese amor transforme nuestra vida. Sigamos a Cristo con confianza y cuidemos de los demás con un corazón lleno de su amor. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM