
“Ahí tienes a tu madre”
En esta memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, contemplamos a María al pie de la cruz junto a Jesús. En el momento más doloroso de la pasión, Cristo no piensa solo en su sufrimiento, sino también en sus discípulos y en toda la Iglesia naciente. Desde la cruz nos entrega a su Madre como madre nuestra: “Ahí tienes a tu hijo… ahí tienes a tu madre.”
Hoy la Iglesia nos invita a mirar a María como Madre que acompaña, protege y guía a todos los creyentes en el camino de la fe.
Primera clave: María permanece fiel junto a la cruz.
El Evangelio nos presenta a María de pie junto a la cruz. No huye, no abandona a su Hijo, no pierde la esperanza en medio del sufrimiento. María permanece firme en la fe incluso en la oscuridad del Calvario.
Ella nos enseña que el verdadero discípulo permanece junto a Cristo también en los momentos difíciles de la vida: en el dolor, en la enfermedad, en las dudas y en las cruces cotidianas. Muchas veces queremos seguir a Jesús solo en los momentos de alegría, pero María nos recuerda que el amor auténtico sabe permanecer fiel hasta el final.
Segunda clave: María es Madre de toda la Iglesia.Jesús dice al discípulo amado: “Ahí tienes a tu madre.” En aquel discípulo estamos representados todos nosotros. Desde la cruz nace una nueva familia espiritual: la Iglesia reunida en torno a Cristo y acompañada por María.
La Virgen no es solamente la Madre de Jesús; es también Madre de todos los creyentes. Ella acompaña la vida de la Iglesia con ternura materna, intercede por sus hijos y nos conduce siempre hacia Cristo.
Por eso la comunidad cristiana nunca camina sola. María sigue presente en medio del pueblo de Dios, animando nuestra fe, fortaleciendo nuestra esperanza y enseñándonos a vivir el Evangelio con humildad y sencillez.
Tercera clave: María enseña a vivir en oración y comunión.
La primera lectura nos recuerda cómo los discípulos perseveraban en la oración junto con María esperando la venida del Espíritu Santo. María está en el corazón de la Iglesia naciente, uniendo a los discípulos en la fe y en la esperanza.
También hoy necesitamos redescubrir la importancia de la oración en nuestra vida cristiana. Una Iglesia que reza permanece unida, escucha la voz de Dios y encuentra fuerza para la misión. María nos enseña a abrir el corazón al Espíritu Santo para vivir con fidelidad nuestra vocación cristiana.
En un mundo lleno de ruido, prisas y divisiones, María nos invita al silencio interior, a la escucha de la Palabra y a la comunión fraterna.
Queridos hermanos, en esta memoria de María Madre de la Iglesia, dejemos que ella entre también en nuestra casa y en nuestro corazón, como hizo el discípulo amado. Pongamos bajo su protección nuestras familias, nuestras comunidades y toda la Iglesia.
Que María nos ayude a permanecer fieles junto a Cristo, a vivir unidos como hermanos y a caminar siempre guiados por el Espíritu Santo.
Santa María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM