
La Palabra de Dios de hoy nos presenta dos testimonios profundamente hermosos: el de San Pablo, que llega al final de su misión con fidelidad, y el de la viuda pobre del Evangelio, que entrega a Dios todo lo que tiene.
En un mundo que muchas veces valora las apariencias, el poder o las riquezas, Jesús nos enseña que Dios mira el corazón.
Primera clave: La verdadera grandeza está en la entrega.
En el Evangelio, Jesús observa cómo muchas personas ricas echaban grandes cantidades en el tesoro del templo. Pero luego aparece una viuda pobre que deposita dos pequeñas monedas.
Humanamente parecía muy poco. Sin embargo, Jesús afirma: “Esta viuda pobre ha echado más que nadie.” ¿Por qué? Porque los demás daban de lo que les sobraba; ella, en cambio, entregó todo lo que tenía para vivir. Dios no mira solamente la cantidad de nuestras obras, sino el amor con que las hacemos.
También nosotros estamos llamados a ofrecer al Señor:
• nuestro tiempo,
• nuestra oración,
• nuestro servicio,
• y nuestro corazón.
Santa Teresa de Calcuta decía: “No importa cuánto hacemos, sino cuánto amor ponemos en lo que hacemos.”
Segunda clave: La fidelidad cotidiana agrada a Dios.
San Pablo, al final de su vida, dice: “He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.”
Estas palabras reflejan la vida de un discípulo fiel. Pablo no tuvo una vida fácil:
• sufrió persecuciones,
• cárceles,
• cansancios,
• y dificultades. Pero nunca abandonó a Cristo.
También nuestra vida cristiana está hecha de fidelidad diaria:
• en la familia,
• en la oración,
• en el trabajo,
• en el servicio humilde,
• y en las pequeñas cruces de cada día.
San Agustín de Hipona afirmaba: “La perseverancia es compañera de la esperanza.” Dios no nos pide éxitos humanos extraordinarios; nos pide un corazón fiel.
Tercera clave: El cristiano está llamado a evangelizar.
San Pablo exhorta a Timoteo: “Cumple tu tarea de evangelizador.” Todo bautizado tiene una misión: anunciar a Cristo con la palabra y con la vida.
Muchas veces pensamos que evangelizar es solamente predicar, pero también evangelizamos:
• cuando perdonamos,
• cuando ayudamos al necesitado,
• cuando damos esperanza,
• cuando vivimos con alegría y fe.
La viuda del Evangelio evangeliza silenciosamente con su ejemplo de confianza total en Dios. El mundo necesita hoy cristianos auténticos, humildes y generosos.
San Juan Crisóstomo decía: “La fe se demuestra más con las obras que con las palabras.”
Conclusión: Queridos hermanos: Hoy el Señor nos invita a mirar nuestro corazón. La viuda pobre nos enseña que el amor verdadero sabe entregarse totalmente a Dios.
Pidamos la gracia de:
• vivir con generosidad,
• permanecer fieles hasta el final,
• y cumplir con alegría nuestra misión evangelizadora.
Que María Santísima, humilde sierva del Señor, nos ayude a ofrecer cada día nuestra vida a Dios con amor sincero y confianza plena. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM