
La Palabra de Dios de este domingo nos presenta el corazón compasivo de Jesús y la misión que Él confía a su Iglesia. El Evangelio nos dice que Cristo, al ver a las muchedumbres, “se compadecía de ellas porque estaban cansadas y abatidas, como ovejas que no tienen pastor.”
Jesús no permanece indiferente ante el sufrimiento humano. Él mira con amor:
• nuestras heridas,
• nuestras preocupaciones,
• nuestras luchas interiores,
• y el cansancio de tantas personas que buscan sentido para su vida.
Y precisamente desde esa compasión nace la misión de la Iglesia.
Primera clave: Dios quiere reunir a su pueblo.
En la primera lectura, Dios dice al pueblo de Israel: “Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.”
Desde el comienzo, Dios quiere formar un pueblo unido no por la fuerza ni por el poder, sino por la dignidad de ser hijos suyos.
En un mundo marcado muchas veces por:
• divisiones,
• violencia,
• egoísmo,
• y enfrentamientos,
el Señor sigue llamando a la humanidad a la unidad y a la fraternidad. La Iglesia nace para ser signo de esa comunión querida por Dios.
El salmo proclama: “Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.”
San Cipriano de Cartago decía: “La Iglesia es el pueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”
Cada bautizado forma parte de esta gran familia de Dios.
Segunda clave: La oración está antes de la misión.
Antes de enviar a los discípulos, Jesús les dice: “Rogad al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies.”
Qué importante enseñanza: antes de actuar, antes de evangelizar, antes de salir en misión, está la oración.
La misión cristiana no es primero una obra humana; es obra de Dios. Nosotros somos instrumentos en sus manos. Muchas veces queremos resolver todo solamente con nuestros esfuerzos, olvidando que la fuerza verdadera viene del Señor.
Jesús nos enseña que:
• la oración sostiene la Iglesia,
• la oración fortalece las vocaciones,
• y la oración abre el corazón a la voluntad de Dios.
También hoy necesitamos pedir:
• sacerdotes santos,
• religiosos fieles,
• familias cristianas,
• y jóvenes generosos que respondan a la llamada del Señor.
Santa Teresa de Jesús afirmaba: “La oración es tratar de amistad con quien sabemos que nos ama.”
Solo quien vive unido a Dios puede anunciar auténticamente el Evangelio.
Tercera clave: Todo discípulo es enviado.
Jesús llama a los doce y luego los envía. El discípulo no puede quedarse encerrado en sí mismo.
También nosotros hemos sido enviados:
• a nuestras familias,
• a nuestros trabajos,
• a nuestras comunidades,
• y al mundo entero.
Evangelizamos:
• cuando damos esperanza,
• cuando servimos con humildad,
• cuando perdonamos,
• y cuando vivimos con alegría nuestra fe.
San Pablo nos recuerda hoy: “Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.”
La misión nace del amor misericordioso de Dios que quiere salvar a todos.
San Juan Pablo II decía: “La misión de Cristo Redentor está aún lejos de cumplirse.”
El mundo sigue necesitando testigos auténticos del Evangelio.
Conclusión
Queridos hermanos: Hoy Jesús continúa mirando a la humanidad con compasión y sigue llamando discípulos para su misión.
Pidamos al Señor la gracia de:
• vivir unidos como pueblo de Dios,
• sostener la misión con nuestra oración,
• y anunciar el Evangelio con valentía y amor.
Que María Santísima, Madre de la Iglesia, nos acompañe y nos enseñe a ser verdaderos discípulos misioneros de Cristo. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM