“Señor, enséñanos a orar”

Queridos hermanos y hermanas:
La Palabra de Dios de hoy nos habla de la fuerza de la oración y de la confianza total en Dios.
En el Evangelio, Jesús enseña a sus discípulos el Padre Nuestro, la oración más perfecta y más hermosa que existe, porque brota del mismo corazón de Cristo.
Jesús no quiere una oración vacía o superficial.
Por eso dice: “Cuando oréis, no uséis muchas palabras.” La verdadera oración no consiste en hablar mucho, sino en abrir el corazón a Dios con fe y humildad.

Primera clave: La oración es encuentro vivo con Dios.
Jesús nos enseña que Dios no es un ser lejano.
Podemos llamarlo: “Padre.” Esta palabra cambia completamente nuestra relación con Dios. El cristiano no reza desde el miedo, sino desde la confianza de hijo.
Muchas veces vivimos:
* preocupados,
* cansados,
* llenos de prisas,
* o distraídos espiritualmente.
Y poco a poco podemos perder el gusto por la oración. Pero quien deja de orar, fácilmente pierde también la paz interior.
San Cipriano decía: “No puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por madre.” Y precisamente en la oración aprendemos a vivir como hijos de Dios y como hermanos entre nosotros.
La oración sostiene:
* nuestra fe,
* nuestra esperanza,
* y nuestra vida espiritual.

Segunda clave: El Padre Nuestro nos enseña a vivir el Evangelio.
El Padre Nuestro no es solamente una fórmula para repetir. Es una escuela de vida cristiana.
Cuando decimos: “Santificado sea tu nombre” pedimos vivir para la gloria de Dios y no para nuestro egoísmo.
Cuando rezamos: “Hágase tu voluntad” aprendemos a confiar incluso en medio de las dificultades.
Cuando pedimos: “Danos hoy nuestro pan” reconocemos que todo es don de Dios.
Y cuando decimos: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos” Jesús nos recuerda que no puede existir verdadera oración sin misericordia.
San Agustín enseñaba: “El Padre Nuestro contiene todo lo que podemos pedir rectamente.” Cada frase de esta oración transforma el corazón del creyente.

Tercera clave: El espíritu de Dios transforma a quienes viven unidos al Señor.
En la primera lectura vemos cómo Eliseo recibe el espíritu de Elías.
Elías había vivido profundamente unido a Dios:
* en la oración,
* en la fidelidad,
* y en la entrega total al Señor.
Y Eliseo recibe esa herencia espiritual.
También nosotros necesitamos hoy hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo:
* familias que oren,
* sacerdotes que vivan unidos a Dios,
* jóvenes con fe profunda,
* cristianos que den testimonio en medio del mundo.
La fuerza espiritual no nace del poder humano, sino de la intimidad con Dios.
Hoy el Señor nos pregunta: * ¿cómo es nuestra oración? * ¿rezamos solo cuando tenemos problemas? * ¿dedicamos tiempo verdadero al Señor? * ¿dejamos que el Padre Nuestro transforme nuestra vida?
Santa Teresa de Jesús decía: “La oración es tratar de amistad con quien sabemos que nos ama.”
La oración verdadera cambia el corazón y nos acerca cada vez más a Cristo.

Conclusión:
Queridos hermanos: Hoy Jesús nos invita a redescubrir la belleza de la oración.
No una oración superficial o automática, sino una oración:
* humilde,
* confiada,
* perseverante,
* y llena de amor filial hacia Dios Padre.
Pidamos al Señor la gracia de:
* aprender a orar cada día,
* vivir el Padre Nuestro con sinceridad,
* y dejarnos llenar por el Espíritu Santo como Eliseo.
Que María Santísima, mujer de silencio y oración, nos enseñe a guardar siempre a Dios en el corazón. Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM