«Dejándolo todo, lo siguieron»

Queridos hermanos y hermanas, Paz y Bien.

Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Gregorio Magno, uno de los grandes pastores de la historia cristiana. Fue papa en tiempos difíciles, defensor de los pobres, reformador de la liturgia y un hombre profundamente enamorado de Cristo. Él mismo definía al Papa como «siervo de los siervos de Dios», recordándonos que toda autoridad en la Iglesia debe convertirse en servicio.

El Evangelio nos presenta la vocación de los primeros discípulos. Jesús sube a la barca de Pedro, enseña a la multitud y después le pide algo que parece absurdo: volver a echar las redes después de una noche entera sin pescar nada. Aquel encuentro cambiará para siempre la vida de Pedro y de sus compañeros.

Este pasaje nos ofrece tres enseñanzas fundamentales para nuestra vida cristiana.

Primera clave: Confiar en la palabra de Jesús incluso cuando no entendemos

Pedro era pescador. Conocía perfectamente el lago, las corrientes y los mejores momentos para pescar. Había trabajado toda la noche sin conseguir nada.

Humanamente, la petición de Jesús parecía inútil.

Sin embargo, Pedro responde con una de las frases más hermosas del Evangelio:

«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Aquí encontramos una gran lección de fe.

Muchas veces nosotros también experimentamos noches oscuras: rezamos y parece que Dios guarda silencio; trabajamos con esfuerzo y no vemos resultados; intentamos hacer el bien y encontramos dificultades.

En esos momentos podemos sentir la tentación del desánimo.

Pero el Evangelio nos recuerda que la fe consiste precisamente en seguir confiando cuando no vemos resultados inmediatos.

San Gregorio Magno enseñaba:

«La fe crece cuando se pone a prueba.»

La verdadera fe no consiste solamente en confiar cuando todo va bien, sino en seguir creyendo cuando llegan las dificultades.

¿Cuántas veces el Señor nos dice también hoy: «Vuelve a echar las redes»?

Quizá en nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestra vocación o en nuestra vida espiritual.

Cristo nos invita a no rendirnos.

Segunda clave: Reconocer nuestra pobreza delante de Dios

Después de la pesca milagrosa, Pedro cae de rodillas y exclama:

«Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador».

Curiosamente, cuanto más cerca está Pedro de Jesús, más consciente es de sus propias limitaciones.

Esto sucede también en la vida espiritual.

Quien se acerca verdaderamente a Dios no se vuelve orgulloso; se vuelve humilde.

Los santos no son personas que se consideraban perfectas. Al contrario, eran profundamente conscientes de su necesidad de la gracia de Dios.

San Gregorio Magno afirmaba:

«La humildad es la guardiana de todas las virtudes.»

Vivimos en una cultura que exalta el éxito, la autosuficiencia y la apariencia. Sin embargo, el Evangelio nos enseña que Dios actúa especialmente en quienes reconocen su pobreza espiritual.

Cuando reconocemos nuestras debilidades, permitimos que Dios obre en nosotros.

Por eso la confesión, la oración y el examen de conciencia son tan importantes. Nos ayudan a vivir en la verdad delante del Señor.

Tercera clave: Seguir a Cristo exige dejar las redes

Al final del Evangelio leemos una frase decisiva:

«Sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.»

Pedro, Santiago y Juan comprenden que han encontrado algo infinitamente más valioso que una gran pesca.

Han encontrado a Cristo.

Las redes representan todo aquello que puede impedirnos seguir plenamente al Señor.

Para algunos serán los bienes materiales; para otros, el orgullo, el deseo de reconocimiento, los miedos o ciertas seguridades humanas.

Jesús no siempre nos pide abandonar cosas materiales, pero sí nos pide ponerlo a Él en el primer lugar de nuestra vida.

San Francisco de Asís comprendió esta verdad cuando escuchó la llamada del Señor y decidió seguirlo con radicalidad evangélica.

La pregunta que hoy nos hace el Evangelio es muy sencilla:

¿Qué redes necesito dejar para seguir más de cerca a Cristo?

Tal vez una actitud, un pecado habitual, una preocupación excesiva o una falta de confianza en Dios.

Seguir a Jesús implica una decisión diaria.

Conclusión

Queridos hermanos, el Evangelio de hoy nos invita a vivir tres actitudes fundamentales: confiar en la palabra de Cristo, reconocer humildemente nuestra pobreza y seguir al Señor con un corazón libre.

Como Pedro, estamos llamados a echar las redes confiando en Dios.

Como San Gregorio Magno, estamos llamados a servir con humildad.

Y como San Francisco de Asís, estamos llamados a descubrir que nada vale más que Jesucristo.

Pidamos hoy al Señor la gracia de escuchar su llamada y responder con generosidad.

Que María Santísima, estrella de la evangelización, nos ayude a seguir siempre a su Hijo con fidelidad y alegría.

Amén.

Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM