“Los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz” (Lc 16, 8)
Hoy la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre la verdadera sabiduría cristiana y sobre la firmeza de nuestra esperanza en Cristo. El Evangelio nos presenta la parábola del administrador astuto, una parábola difícil, pero profundamente actual.
Jesús no alaba la injusticia del administrador, sino su capacidad de actuar con inteligencia y decisión. Y después hace una pregunta implícita que toca nuestro corazón:
¿Por qué muchas veces los cristianos ponemos menos empeño en las cosas de Dios que los hombres del mundo en sus propios intereses?
Además, hoy celebramos la memoria de los Santos Pedro Poveda e Inocencio de la Inmaculada y compañeros mártires, testigos valientes de la fe durante tiempos de persecución. Ellos vivieron con radicalidad el Evangelio y supieron permanecer fieles a Cristo hasta entregar la vida.
Primera clave: El cristiano debe vivir con sabiduría espiritual.
Jesús dice:
“Los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.”
Con estas palabras, el Señor nos invita a despertar espiritualmente.
Muchas veces ponemos mucho esfuerzo:
- en el trabajo,
- en los bienes materiales,
- en las preocupaciones de cada día,
pero dedicamos poco tiempo a: - la oración,
- la vida interior,
- la Eucaristía,
- o el crecimiento espiritual.
El Evangelio nos recuerda que también debemos ser “inteligentes” para las cosas de Dios:
- cuidar nuestra alma,
- buscar la santidad,
- aprovechar el tiempo,
- vivir con responsabilidad nuestra vocación cristiana.
San Juan Crisóstomo decía:
“No basta evitar el mal; es necesario actuar con sabiduría para alcanzar el bien.”
Los mártires que hoy celebramos comprendieron esto profundamente. Supieron que la fe era el tesoro más grande y no la cambiaron por ninguna seguridad humana.
También hoy el mundo necesita cristianos valientes, coherentes y firmes en la fe.
Segunda clave: Nuestra verdadera patria está en el cielo.
San Pablo nos dice en la primera lectura:
“Nosotros aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.”
Y añade:
“Él transformará nuestro cuerpo humilde según el modelo de su cuerpo glorioso.”
San Pablo nos recuerda que la vida presente es pasajera.
Vivimos en el mundo, pero nuestra meta definitiva es el cielo.
Hoy muchas personas viven como si Dios no existiera:
- buscando solamente el éxito,
- el placer,
- el dinero,
- o el poder.
Pero el cristiano sabe que todo pasa y que solamente Cristo permanece para siempre.
Los mártires Pedro Poveda e Inocencio de la Inmaculada vivieron con esta esperanza. En medio de la persecución no tuvieron miedo porque sabían que Cristo había vencido a la muerte.
San Cipriano decía:
“No puede temer la muerte quien espera la eternidad.”
Qué importante es recordar esto en el siglo XXI, donde tantas veces vivimos distraídos y olvidamos lo esencial.
La fe nos ayuda a mirar más allá de lo inmediato y a vivir con esperanza.
Tercera clave: El testimonio cristiano transforma el mundo.
El Evangelio nos invita no solamente a creer, sino también a vivir como verdaderos hijos de la luz.
Los santos mártires que hoy recordamos no anunciaron el Evangelio solo con palabras, sino con toda su vida.
San Pedro Poveda trabajó especialmente por la educación cristiana y la formación humana, convencido de que la fe debía iluminar la cultura y la sociedad.
Su martirio nos enseña que:
- la fe no se negocia,
- el Evangelio no se esconde,
- y Cristo merece todo nuestro amor.
Vivimos en una sociedad donde muchas veces el cristiano puede sentirse criticado o incomprendido. Pero precisamente hoy el Señor nos pide:
- ser luz,
- dar testimonio,
- vivir con coherencia,
- y no avergonzarnos del Evangelio.
El salmo de hoy proclama:
“Vamos alegres a la casa del Señor.”
La alegría verdadera nace cuando vivimos unidos a Cristo y caminamos hacia Él.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a vivir con inteligencia espiritual, con esperanza en el cielo y con valentía cristiana.
Pidamos la intercesión de los Santos Pedro Poveda, Inocencio de la Inmaculada y compañeros mártires, para que también nosotros sepamos permanecer fieles a Cristo en medio del mundo actual.
Que nuestra vida sea siempre un testimonio luminoso de fe, esperanza y amor.
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM