

Son patronos de Europa: S. Benito (en el occidente mediterraneo), Santos Cirilo y Metodio (oriente), Santa Benedicta de la Cruz (Edith Stein, carmelita conversa del judaísmo, mártir del nazismo, la mejor discípula del maestro de la Fenomenologia, Husserl), Santa Catalina de Siena (la dominica que tanto impulsó la resolución del Cisma de Occidente) y Santa Brigida (mística sueca).
Desde Pablo VI, él y los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI engrosaron el número de patronos de Europa mostrando la diversidad del continente en la pluralidad de perfiles de estos seis patronos frente al pensamiento único y la oligarquía económica que se nos imponen hoy.
En nuestros seis patronos se nos recuerda la identidad de nuestro continente y sus orígenes. Desde los monjes patronos de occidente y oriente a la mística, la teologa y la filosofa se nos hace evidente la labor protagonistica de la Iglesia y la inspiración evangélica de Europa desde antes que ésta existiera como tal.
En parte porque los eclesiásticos muchas veces nos perdemos en lo superficial y el resto de los cristianos no viven suficientemente lo fundamental, “libertad, igualdad y fraternidad” paso de ser el signo de identidad cristiano a ser el clamor de los revolucionarios franceses tras 1789. Mucho antes hubo quién dijo: “La Verdad os hará libres”; “Todos vosotros sois hermanos”; “Ya no hay diferencia entre hebreo o cristiano, esclavo o libre, hombre y mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús”; “Vosotros, cuando recéis, decid así: Padre Nuestro…”.
Saldremos de todas las crisis purificados y más grandes si no olvidamos quienes somos y cómo hemos de vivirlo todo. Nuestros patronos nos lo recuerdan y nos recuerdan nuestros orígenes evangélicos como pueblos de Europa y como bloque de naciones, unos orígenes que no entienden de departamentos estancos, muros y fronteras impermeables porque Europa se fundó en el encuentro entre culturas y pueblos totalmente diversos y en la conjunción de lo mejor de cada uno de ellos para la construcción del bien común de una familia de seres humanos semejantes en mucho e iguales en lo fundamental ante la mirada de un solo Dios.
La Europa de hoy se levanta sobre si misma sin Dios y es rica, es “EPULENTA”, famélica de valores humanos, como manifiesta la inoperancia ante la crisis belica o migratoria o problemas como los innumerables “LAZAROS” que sobreviven miseramente en nuestras calles, la indignidad del mercado laboral, la persecucion contra los autonomos y las Pymes o el cada vez más menguante poder adquisitivo de las clases medias, en buena medida por la gran presion fiscal que padecen.
Nuestra lucha como cristianos nunca consistirá en pelear contra nadie sino en vivir, personal y comunitariamente, nuestra identidad con un compromiso militante en pro del bien común, comenzando por el de los más doloridos y vulnerables. Nos lo recuerdan nuestros patronos y con la que está cayendo económica y políticamente es particularmente importante que lo tengamos presente a la hora de vivir nuestra fe, como ciudadanos..