ESCÚCHALA AQUÍ


[Mateo] “Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la “gehenna” el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos?”.
———-
Las lecturas de esta semana nos han mostrado dos tipos de creyentes y una valoración muy distinta hacia cada tipo, hacia los necios y hacia los sensatos. Los fariseos, estrictos cumplidores de la ley judía; los escribas, los mejores conocedores del texto original de la Torah. ¿Por qué recibían una calificación tan dura y recurrente por parte de Jesús estos “héroes” de la ley y los profetas? Como contrapunto, ¿qué hacían los cristianos de la primera hora destinatarios de las cartas de San Pablo para merecer tanto reconocimiento? La respuesta la ofreció el Señor Jesús en un evangelio proclamado hace unos días: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo sostiene la ley entera y los profetas.”

“El sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”. Los mandamientos, preceptos y consejos revelados por Dios buscan hacer mejor la vida del hombre, que el varon y la mujer crezcan en humanidad por el sendero de la Caridad con que la relacion con Dios los llena para que se vuelquen y vacien en la relación con los demás. Los mandamientos y toda la Ley de Dios son un medio para tender a El y un camino a transitar en justicia e igualdad con nuestros semejantes. Esto es lo que buscaban vivir el común de los cristianos de la primera hora: su fe por el ejercicio de la Caridad.

“A cada generación la salva el santo que más la contradice” (G.K. Chesterton) y cuando en nuestra sociedad se somete al abandono y a la soledad a los ancianos que nos han traído a hombros hasta el día de hoy, los cristianos nos hemos de distinguir también por nuestra forma de tratar a nuestros mayores. Generosidad en el sacrificio de comodidades o nivel de vida para que ellos puedan gozar de una mayor calidad de vida en sus años de mayor limitación personal es algo tan básico y humano que tener que reproponerlo señala ya una vergonzante dolencia de nuestra sociedad. Que no sea también nuestra.