

[Eclesiástico] “Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios.”
[Lucas] “Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo: Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
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Qué difícil es relacionarse con alguien que está “encantado de haberse conocido”, alguien que se tiene por grande o importante, con razón o sin ella, por sus virtudes o logros. Un exceso de autoestima es sinónimo de un ego engrandecido y junto a esas personas resulta difícil hasta respirar porque parecen consumir todo el oxígeno que les rodea, todo orbita en torno a ellas y no suelen ser capaces de ofrecer a los demás el respeto y la consideración que ellos les exigen.
Si nos tenemos por sabios, por buenos o por tan especiales, ¿qué trato podremos dispensar a los que tiene menos bienes que nosotros, o menos estudios, o menor relevancia, o…? ¿Son acaso esas personas de menor valor que nosotros o merecen menor aprecio y peores modales por estar “socialmente por debajo”? ¿Qué relación podremos establecer con el Dios que prima y privilegia a quienes son de menor valor ante la mirada de los demás si nos tenemos a nosotros mismos en una estima desmedida? Ese es el trasfondo del mensaje de las lecturas de hoy.
La madurez que dan los años, cuando nunca se ha dejado de cultivar el sentido común, reviste nuestra conciencia y nuestro comportamiento de la alegría de la igualdad. El sentido de la fe sobre exalta esa alegría cuando reconocemos un precioso y además muy necesario acto de culto a Dios el cultivo de esa fraterna justicia de la igualdad para con todos, una forma de sabiduría hermana de la humildad que nos acercará más al Señor cuanto más nos acerquemos a los demás, y viceversa.
Quien se tiene por más que los demás será a duras penas hermanastro mas nunca hermano porque su suficiencia le llevará a estar tan lleno de sí mismo que nunca se podrá llenar de Dios, y Su Padre lo echará infinitamente de menos porque Su hijo no le echa de manos a Él ni a esos otros hijos de Dios a los que “mira por encima del hombro” y trata con un desdén que siempre llega al cielo, aunque quien lo padece difícilmente llegará por cómo trata a Dios en sus semejantes y prójimos.
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‘ [Salmo] “Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece.”