
HOMILÍA SOBRE SAN JUAN 12, 1-11
“Unción en Betania”
“Seis días antes de la Pascua, Jesús fue a Betania… Allí le ofrecieron una cena… María tomó una libra de perfume de nardo puro, muy costoso, ungió los pies de Jesús…” (cf. Evangelio de San Juan 12,1-3)
Hoy la Iglesia nos introduce en la intimidad de Betania, donde el amor se expresa en gestos concretos, delicados y profundamente significativos. En este hogar amigo —el de Lázaro, Marta y María— contemplamos un anticipo del misterio pascual: la entrega total de Cristo y la respuesta amorosa del discípulo.
El gesto de María no es solo un acto de generosidad, sino una verdadera profecía. Al derramar el perfume sobre los pies de Jesús, anticipa su sepultura, reconociendo —quizás sin comprenderlo del todo— que el camino del Señor pasa por la cruz. Su amor no calcula, no mide, no se reserva nada: se derrama completamente.
Frente a este gesto, surge la voz de Judas, que cuestiona con apariencia de justicia: “¿Por qué no se vendió este perfume… y se dio a los pobres?” (cf. Juan 12,5). Pero el Evangelio revela la verdad de su corazón. No todo lo que parece razonable nace del amor; a veces, detrás de palabras correctas, puede esconderse la dureza o el interés.
Como enseña San Agustín de Hipona: “El amor verdadero no calcula el costo, porque su medida es darse sin medida.”
Y también San Gregorio Magno nos recuerda: “Cuando damos a Dios lo mejor, nuestro corazón se purifica y aprende a amar rectamente.”
Jesús acoge el gesto de María y lo defiende: “Déjala… lo tenía guardado para el día de mi sepultura” (cf. Juan 12,7). Así nos enseña que el amor auténtico siempre encuentra su lugar en el corazón de Dios, incluso cuando no es comprendido por los demás.
Este Lunes Santo nos invita a revisar nuestra forma de amar: ¿es un amor que calcula o que se entrega? ¿Reservamos algo para nosotros o lo ponemos todo a los pies del Señor?
Que aprendamos de María a reconocer la presencia de Cristo en nuestra vida y a responder con un amor generoso, humilde y total.
“Señor Jesús, enséñanos a amarte sin medida, a entregarte lo mejor de nosotros mismos y a reconocer tu presencia en lo cotidiano. Amén.”
Dirigido por:
Fray Antonio Majeesh George Kallely, OFM