
HOMILÍA SOBRE JUAN 3, 1–8
“Hay que nacer de nuevo”
“Hay que nacer de nuevo”
En este lunes de la II semana de Pascua, el Evangelio de san Juan nos presenta el encuentro entre Jesús y Nicodemo, un hombre importante, maestro en Israel, que sin embargo busca en la noche. No es solo una noche exterior, sino también interior: la noche de las dudas, de la búsqueda, del deseo de comprender más profundamente a Dios.
Y en ese diálogo, Jesús le revela una verdad sorprendente: “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios.”
Y en ese diálogo, Jesús le revela una verdad sorprendente: “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios.”
Primera clave: El camino de la búsqueda sincera
Nicodemo se acerca a Jesús con respeto, pero también con inquietud. Sabe que hay algo en Jesús que viene de Dios, pero no termina de comprenderlo.
¿Cuántas veces nosotros también vivimos así? Con fe, pero con preguntas; con deseo de Dios, pero sin claridad.
Nicodemo nos enseña algo muy importante: buscar a Jesús, incluso en medio de nuestras dudas, ya es un paso de fe.
Como decía San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”
Dios no rechaza nuestras preguntas; al contrario, las ilumina.
Nicodemo se acerca a Jesús con respeto, pero también con inquietud. Sabe que hay algo en Jesús que viene de Dios, pero no termina de comprenderlo.
¿Cuántas veces nosotros también vivimos así? Con fe, pero con preguntas; con deseo de Dios, pero sin claridad.
Nicodemo nos enseña algo muy importante: buscar a Jesús, incluso en medio de nuestras dudas, ya es un paso de fe.
Como decía San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”
Dios no rechaza nuestras preguntas; al contrario, las ilumina.
Segunda clave: Nacer de nuevo, nacer del Espíritu
Jesús habla de un nuevo nacimiento. Nicodemo lo entiende de manera literal, pero Jesús se refiere a algo mucho más profundo: nacer “del agua y del Espíritu”.
Este nuevo nacimiento es obra de Dios en nosotros. Es la vida nueva que recibimos en el Bautismo y que estamos llamados a renovar cada día.
No se trata de empezar de cero humanamente, sino de dejarnos transformar interiormente por el Espíritu Santo.
El Espíritu actúa como el viento:
“No sabes de dónde viene ni a dónde va.”
Así es la vida del creyente: no controlamos todo, pero confiamos en la acción de Dios que nos renueva desde dentro.
Jesús habla de un nuevo nacimiento. Nicodemo lo entiende de manera literal, pero Jesús se refiere a algo mucho más profundo: nacer “del agua y del Espíritu”.
Este nuevo nacimiento es obra de Dios en nosotros. Es la vida nueva que recibimos en el Bautismo y que estamos llamados a renovar cada día.
No se trata de empezar de cero humanamente, sino de dejarnos transformar interiormente por el Espíritu Santo.
El Espíritu actúa como el viento:
“No sabes de dónde viene ni a dónde va.”
Así es la vida del creyente: no controlamos todo, pero confiamos en la acción de Dios que nos renueva desde dentro.
Tercera clave: Dejarse conducir por el Espíritu
Vivir según el Espíritu significa abrir el corazón a Dios, dejar que Él guíe nuestros pensamientos, decisiones y actitudes.
Muchas veces queremos tener todo bajo control, entenderlo todo, asegurarlo todo. Pero la fe nos invita a confiar, a dejarnos llevar.
Como enseñaba San Juan Pablo II: “El Espíritu Santo es el protagonista de la vida cristiana.”
Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a vivir de una manera nueva: con más paz, más libertad y más amor.
Vivir según el Espíritu significa abrir el corazón a Dios, dejar que Él guíe nuestros pensamientos, decisiones y actitudes.
Muchas veces queremos tener todo bajo control, entenderlo todo, asegurarlo todo. Pero la fe nos invita a confiar, a dejarnos llevar.
Como enseñaba San Juan Pablo II: “El Espíritu Santo es el protagonista de la vida cristiana.”
Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a vivir de una manera nueva: con más paz, más libertad y más amor.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a renovar nuestra vida desde dentro:
A buscarle con sinceridad, como Nicodemo.
A dejarnos transformar por su Espíritu.
Y a vivir como hombres y mujeres nuevos, nacidos de Dios.
A buscarle con sinceridad, como Nicodemo.
A dejarnos transformar por su Espíritu.
Y a vivir como hombres y mujeres nuevos, nacidos de Dios.
Pidamos al Señor la gracia de abrir nuestro corazón, de dejarnos renovar, y de vivir cada día como verdaderos hijos de Dios.
Y nuestra vida sea testimonio de ese nuevo nacimiento que solo Él puede realizar. Amén.
Y nuestra vida sea testimonio de ese nuevo nacimiento que solo Él puede realizar. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM