
HOMILÍA SOBRE JUAN 3, 7b–15
“El Hijo del hombre tiene que ser elevado”
“El Hijo del hombre tiene que ser elevado”
En este martes de la II semana de Pascua, el Evangelio de san Juan continúa el diálogo entre Jesús y Nicodemo. Después de hablar del nuevo nacimiento, Jesús lleva la mirada aún más alto: al misterio de su propia misión.
Y nos dice una frase que encierra todo el Evangelio:
“Como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.”
Y nos dice una frase que encierra todo el Evangelio:
“Como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.”
Primera clave: Mirar a Cristo para vivir
Jesús recuerda un episodio del Antiguo Testamento: cuando el pueblo de Israel, herido por las serpientes, encontraba la salvación al mirar la serpiente de bronce elevada por Moisés.
Ahora, esa figura se cumple plenamente en Él.
También nosotros, heridos por el pecado, por el cansancio, por las luchas de la vida, necesitamos levantar la mirada.
No basta mirarnos a nosotros mismos, ni quedarnos en nuestras caídas. La salvación está en mirar a Cristo.
Como enseñaba San Juan Pablo II: “No os salváis solos; dejad que Cristo os salve.”
Jesús recuerda un episodio del Antiguo Testamento: cuando el pueblo de Israel, herido por las serpientes, encontraba la salvación al mirar la serpiente de bronce elevada por Moisés.
Ahora, esa figura se cumple plenamente en Él.
También nosotros, heridos por el pecado, por el cansancio, por las luchas de la vida, necesitamos levantar la mirada.
No basta mirarnos a nosotros mismos, ni quedarnos en nuestras caídas. La salvación está en mirar a Cristo.
Como enseñaba San Juan Pablo II: “No os salváis solos; dejad que Cristo os salve.”
Segunda clave: La cruz, camino de vida
Jesús habla de ser “elevado”. Se refiere a la cruz, que humanamente parece fracaso, pero que en realidad es victoria.
En la cruz, Jesús no pierde la vida: la entrega. Y en esa entrega se convierte en fuente de salvación para todos.
La Pascua nos enseña precisamente esto: la vida brota del amor que se da.
Muchas veces rechazamos la cruz en nuestra vida: el sufrimiento, las dificultades, las renuncias. Pero unidas a Cristo, se transforman en camino de vida.
Como decía San Agustín: “En la cruz estaba la cátedra del Maestro.”
Allí aprendemos el amor verdadero.
Jesús habla de ser “elevado”. Se refiere a la cruz, que humanamente parece fracaso, pero que en realidad es victoria.
En la cruz, Jesús no pierde la vida: la entrega. Y en esa entrega se convierte en fuente de salvación para todos.
La Pascua nos enseña precisamente esto: la vida brota del amor que se da.
Muchas veces rechazamos la cruz en nuestra vida: el sufrimiento, las dificultades, las renuncias. Pero unidas a Cristo, se transforman en camino de vida.
Como decía San Agustín: “En la cruz estaba la cátedra del Maestro.”
Allí aprendemos el amor verdadero.
Tercera clave: Creer para tener vida eterna
Jesús insiste en la fe: “para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.”
La fe no es solo aceptar una idea, sino confiar, apoyarse en Cristo, poner en Él nuestra vida.
Creer es mirar a Jesús con el corazón, incluso en medio de la oscuridad.
Es reconocer que Él es nuestra salvación.
Y esa fe abre en nosotros una vida nueva, que no termina, que va más allá de la muerte.
Jesús insiste en la fe: “para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.”
La fe no es solo aceptar una idea, sino confiar, apoyarse en Cristo, poner en Él nuestra vida.
Creer es mirar a Jesús con el corazón, incluso en medio de la oscuridad.
Es reconocer que Él es nuestra salvación.
Y esa fe abre en nosotros una vida nueva, que no termina, que va más allá de la muerte.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a tres actitudes concretas:
Levantar la mirada hacia Cristo.
Aceptar la cruz como camino de amor.
Y creer en Él con todo el corazón.
Que no nos quedemos encerrados en nuestras heridas ni en nuestras dificultades.
Miremos a Cristo elevado en la cruz.
Allí está nuestra esperanza.
Allí está nuestra vida.
Y que, confiando en Él, podamos caminar con fe hacia la vida eterna que nos promete.
Amén.
Levantar la mirada hacia Cristo.
Aceptar la cruz como camino de amor.
Y creer en Él con todo el corazón.
Que no nos quedemos encerrados en nuestras heridas ni en nuestras dificultades.
Miremos a Cristo elevado en la cruz.
Allí está nuestra esperanza.
Allí está nuestra vida.
Y que, confiando en Él, podamos caminar con fe hacia la vida eterna que nos promete.
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM