HOMILÍA SOBRE JUAN 13, 16–20
“El que recibe a quien yo envíe me recibe a mí”

En este jueves de la IV semana de Pascua, el Evangelio según san Juan nos sitúa en el contexto de la Última Cena, donde Jesús, después de lavar los pies a sus discípulos, les enseña una verdad fundamental para la vida cristiana: “El que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.” Estas palabras nos invitan a comprender el valor profundo del servicio, de la humildad y de la misión.

Primera clave: El servicio como camino de Cristo. Jesús afirma: “El siervo no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía.” Con esto nos recuerda que su camino es el camino del servicio. Él, siendo Maestro y Señor, se hizo servidor de todos. El discípulo no puede vivir de otra manera. Seguir a Cristo implica servir con humildad, sin buscar reconocimiento, sabiendo que en el servicio encontramos la verdadera grandeza. Como enseñaba San Francisco de Asís, es dando como recibimos.

Segunda clave: Acoger al enviado es acoger a Cristo. Jesús nos revela una verdad profunda: quien acoge a sus enviados, lo acoge a Él mismo. Esto nos invita a mirar con fe a las personas que Dios pone en nuestro camino: sacerdotes, misioneros, catequistas, y también a cualquier hermano necesitado. En cada uno de ellos, Cristo se hace presente. Acoger, escuchar, ayudar… es acoger al mismo Jesús que viene a nuestro encuentro.

Tercera clave: Vivir la misión con fidelidad. Jesús envía a sus discípulos al mundo para continuar su obra. También nosotros, por el bautismo, somos enviados. Cada cristiano tiene una misión: ser testigo del amor de Dios en su familia, en su trabajo y en la sociedad. Como recordaba San Juan Pablo II, todos estamos llamados a ser misioneros del Evangelio. No se trata de grandes acciones, sino de vivir con coherencia, amor y fe en lo cotidiano.

Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a vivir con un corazón humilde y servicial, a reconocer su presencia en los demás y a asumir con alegría la misión que nos confía. Que sepamos acoger a Cristo en cada persona, servir como Él nos enseñó y ser testigos fieles de su amor en el mundo. Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM