HOMILÍA SOBRE JUAN 17, 11b–19
“Que sean uno, como nosotros”

En este miércoles de la VII semana de Pascua, el Evangelio según san Juan nos introduce nuevamente en la oración de Jesús al Padre. En este momento tan íntimo, el Señor no solo ora por sus discípulos, sino también por todos nosotros. Su petición es clara y profunda: “Que sean uno, como nosotros.” Es un deseo que brota de su corazón y revela el proyecto de Dios para la humanidad.

Primera clave: La unidad como don de Dios.
Jesús pide al Padre que sus discípulos sean uno. Esta unidad no es simplemente fruto del esfuerzo humano, sino un don que viene de Dios. Así como el Padre y el Hijo viven en perfecta comunión, también nosotros estamos llamados a vivir unidos. La división, el egoísmo y la rivalidad rompen esta unidad; en cambio, el amor y la humildad la construyen día a día.

Segunda clave: Vivir en el mundo sin ser del mundo.
Jesús dice: “Ellos están en el mundo, pero no son del mundo.” El cristiano vive en medio de la realidad cotidiana, con sus desafíos y dificultades, pero su corazón pertenece a Dios. No se trata de huir del mundo, sino de transformarlo con el Evangelio. Estamos llamados a ser luz, sal y testigos, viviendo con valores que reflejen el amor de Cristo.

Tercera clave: Consagrados en la verdad.
Jesús ora: “Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad.” Ser consagrado significa pertenecer a Dios, vivir para Él. Y esta consagración se realiza en la verdad, que es su Palabra. Cuando escuchamos, meditamos y vivimos la Palabra de Dios, nuestra vida se transforma y se convierte en testimonio para los demás.

Hoy también resuena la despedida de san Pablo en la primera lectura, donde encomienda a la comunidad a Dios. Es un gesto de confianza total: sabe que es Dios quien sostiene, guía y hace crecer a su Iglesia. Así también nosotros estamos en manos de Dios.

Queridos hermanos, el Señor nos invita hoy a vivir la unidad, a permanecer firmes en la verdad y a ser testigos en el mundo. Que nuestra vida refleje ese deseo de Jesús: ser uno en el amor, como Él y el Padre son uno. Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM