“María conservaba todo esto en su corazón”

Hoy la Iglesia celebra la memoria del Inmaculado Corazón de María. Después de contemplar ayer el Sagrado Corazón de Jesús, hoy miramos el corazón de su Madre: un corazón lleno de fe, silencio, amor y total entrega a Dios.
El Evangelio nos presenta a María guardando y meditando todo en su corazón. Ella no siempre comprendía plenamente todos los acontecimientos, pero confiaba totalmente en Dios.
El corazón de María es escuela de fe, humildad y amor.

Primera clave: El corazón de María está lleno de amor a Dios.
María vivió completamente unida al Señor. Toda su vida fue un “sí” generoso a la voluntad divina.
En Nazaret, en Belén, en el Calvario y en Pentecostés, María permaneció fiel. Su corazón nunca se apartó de Dios.
También nosotros vivimos momentos que no entendemos:
• sufrimientos,
• preocupaciones,
• pruebas,
• y preguntas interiores.
María nos enseña a confiar incluso en medio de la oscuridad.
San Bernardo de Claraval decía: “En los peligros y dificultades, mira a María.”
El corazón de María nos conduce siempre hacia Cristo.

Segunda clave: María conserva la Palabra en el corazón.
El Evangelio dice: “Su madre conservaba todo esto en su corazón.”
María no vivía superficialmente. Sabía escuchar, meditar y guardar la presencia de Dios en su interior.
En un mundo lleno de ruido, prisas y distracciones, necesitamos aprender nuevamente el silencio interior.
El corazón de María nos enseña:
• a escuchar la Palabra,
• a orar,
• a contemplar,
• y a vivir con profundidad espiritual.
San Agustín de Hipona afirmaba: “María concibió primero a Cristo en su corazón antes que en su seno.”
La verdadera fe nace de un corazón abierto a Dios.

Tercera clave: El Inmaculado Corazón de María es refugio de misericordia.
María conoce el dolor humano. Ella acompañó a Jesús hasta la cruz y sufrió unida al sacrificio de su Hijo. Por eso comprende también nuestras heridas, lágrimas y sufrimientos.
El corazón de María:
• consuela,
• acompaña,
• intercede,
• y nos acerca al amor de Cristo.
La primera lectura nos recuerda: “El amor de Cristo nos apremia.”
Ese amor pasó plenamente por el corazón de María, que vivió totalmente entregada a Dios y al servicio de los demás.
San Juan Pablo II decía: “El corazón de la Madre está siempre abierto para acoger a sus hijos.” Nunca caminamos solos cuando acudimos a María con confianza.

Conclusión:
Queridos hermanos:
Hoy contemplemos el Inmaculado Corazón de María y aprendamos de ella:
• la fe sencilla,
• la confianza total en Dios,
• el silencio interior,
• y el amor fiel hasta la cruz.

Pidamos a la Virgen María que transforme también nuestro corazón para que sea:
• humilde,
• misericordioso,
• limpio,
• y siempre abierto a la voluntad de Dios.

Que el Inmaculado Corazón de María nos conduzca siempre al Corazón de Cristo. Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM