“Amad incluso a vuestros enemigos”

Queridos hermanos y hermanas:
La Palabra de Dios de hoy nos invita a entrar en uno de los mensajes más exigentes y más hermosos del Evangelio: el amor al enemigo.
En la primera lectura vemos al rey Acab enfrentarse al profeta Elías después de haber cometido una gran injusticia. Acab había permitido el pecado y el abuso de poder, pero cuando escucha la palabra de Dios, reconoce su culpa y se humilla.
Y en el Evangelio, Jesús da un paso aún más profundo: “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen.” Cristo nos enseña que el verdadero amor cristiano no tiene límites ni fronteras.

Primera clave: El odio y el pecado destruyen el corazón humano.
La historia de Acab nos muestra cómo el pecado poco a poco endurece el corazón. La ambición y el egoísmo llevaron al rey a permitir la muerte injusta de Nabot. Y cuando el corazón se aleja de Dios:
* aparece la injusticia,
* nace el resentimiento,
* crece la violencia,
* y se pierde la capacidad de amar verdaderamente.
También hoy vemos muchas personas heridas por:
* el odio,
* la división,
* la envidia,
* y el deseo de venganza.
El pecado siempre termina destruyendo primero el interior de la persona.
San Gregorio Magno decía: “Quien alimenta el odio en su corazón, poco a poco pierde la paz de Dios.” Solo la misericordia puede sanar el corazón humano.

Segunda clave: Jesús rompe la lógica del mundo.
El Evangelio de hoy es revolucionario.
El mundo dice:
* ama a quien te ama,
* ayuda solo a quien te ayuda,
* responde al mal con más mal.
Pero Jesús enseña:
“Amad a vuestros enemigos.”
Esto no significa aprobar el mal o la injusticia, sino no dejar que el odio domine nuestra vida.
Cristo nos invita a:
* rezar por quienes nos hacen daño,
* perdonar,
* evitar el resentimiento,
* y responder con misericordia.
Solo así el mal pierde su fuerza.
San Juan Crisóstomo enseñaba: “Nada nos hace tan semejantes a Dios como perdonar a quienes nos ofenden.”
El cristiano no está llamado a vivir desde el odio, sino desde el amor de Cristo.

Tercera clave: La perfección cristiana consiste en amar como Dios ama.
Jesús termina el Evangelio diciendo: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.”
La perfección cristiana no consiste solamente en cumplir normas externas, sino en aprender a amar con el corazón de Dios.
Dios hace salir el sol sobre buenos y malos. Dios sigue amando incluso cuando el ser humano falla.
Por eso la santidad verdadera se manifiesta:
* en la paciencia,
* en la misericordia,
* en la capacidad de perdonar,
* y en el amor concreto hacia todos.
Hoy el Señor nos pregunta:
* ¿guardamos rencor en el corazón?
* ¿sabemos perdonar de verdad?
* ¿rezamos por quienes nos han herido?
* ¿dejamos que Cristo transforme nuestra manera de amar?
Santa Teresa de Calcuta decía: “Si juzgas a las personas, no tendrás tiempo para amarlas.”
El amor cristiano es difícil, pero es el camino que conduce a la verdadera libertad interior.

Conclusión
Queridos hermanos: Hoy Jesús nos invita a vivir un amor más grande:
* un amor que sabe perdonar,
* un amor que vence el odio,
* un amor que reza incluso por quien hace daño,
* y un amor que refleja la misericordia de Dios.
Pidamos al Señor la gracia de:
* sanar nuestro corazón,
* liberarnos del resentimiento,
* y aprender a amar como Cristo nos ama.

Que María Santísima, Madre de la Misericordia, nos enseñe a vivir con humildad, paciencia y caridad verdadera. Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM