
Queridos hermanos y hermanas:
La Palabra de Dios de hoy nos invita a preguntarnos: ¿qué ocupa realmente el centro de nuestro corazón?
Jesús, en el Evangelio, nos dice: “No acumuléis tesoros en la tierra… acumulad tesoros en el cielo.” Cristo no condena las cosas materiales, pero sí nos advierte del peligro de vivir esclavos de ellas. Porque aquello que más amamos termina dominando nuestra vida.
Primera clave: El verdadero tesoro no es material, sino espiritual.
El mundo actual muchas veces enseña que la felicidad depende de:
* el dinero,
* el éxito,
* la apariencia,
* el poder,
* o el reconocimiento.
Pero Jesús recuerda que todo lo material es pasajero. Las riquezas pueden desaparecer. La fama pasa. El poder termina. Solo Dios permanece para siempre.
Por eso Cristo nos invita a buscar:
* la fe,
* la santidad,
* la caridad,
* la paz interior,
* y la vida eterna.
San Gregorio Magno decía: “Las riquezas terrenas se poseen por poco tiempo; las eternas nunca se pierden.” El corazón humano fue creado para Dios, y nada material puede llenar completamente nuestra alma.
Segunda clave: El corazón siempre sigue a su verdadero tesoro.
Jesús dice: “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.” Es una frase muy profunda.
Si nuestro tesoro es solo el mundo:
* viviremos preocupados,
* inquietos,
* llenos de ansiedad,
* y fácilmente vacíos interiormente.
Pero si nuestro tesoro es Cristo:
* encontraremos paz,
* esperanza,
* fortaleza,
* y sentido verdadero para la vida.
Por eso hoy debemos preguntarnos: * ¿qué ocupa más espacio en mi corazón? * ¿qué es lo más importante para mí? * ¿dedico tiempo a Dios? * ¿vivo solo buscando cosas materiales?
San Agustín decía: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.” Solo Dios puede llenar plenamente el corazón humano.
Tercera clave: La luz interior nace de una vida unida a Dios.
Jesús habla también de los ojos como lámpara del cuerpo.
Cuando el corazón vive unido a Dios, la persona comienza a mirar la vida de otra manera:
* con fe,
* con pureza,
* con misericordia,
* y con esperanza.
Pero cuando el corazón se llena de egoísmo o ambición, poco a poco aparece la oscuridad interior.
En la primera lectura vemos cómo, en medio de la violencia y la corrupción, Dios sigue guiando la historia y protegiendo a su pueblo a través del joven Joás.
Esto nos recuerda que Dios nunca abandona a quienes confían en Él.
San Romualdo, cuya memoria celebramos hoy, dejó las riquezas y comodidades del mundo para buscar a Dios en la oración y en la vida contemplativa.
Su vida nos recuerda que el verdadero tesoro es Cristo.
Hoy el Señor nos invita a revisar:
* nuestras prioridades,
* nuestros deseos,
* y el lugar que Dios ocupa en nuestra vida.
Conclusión
Queridos hermanos: Jesús nos recuerda hoy que la vida pasa rápidamente y que solo el amor de Dios permanece para siempre.
Pidamos al Señor la gracia de:
* tener un corazón libre,
* no vivir esclavos de lo material,
* buscar primero el Reino de Dios,
* y hacer de Cristo nuestro verdadero tesoro.
Que María Santísima nos enseñe a guardar el corazón siempre unido a Dios. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM