«Es necesario que evangelice también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado»

Queridos hermanos y hermanas, Paz y Bien.

El Evangelio de hoy nos presenta una jornada intensa en la vida de Jesús. Después de enseñar en la sinagoga y liberar a un hombre poseído por un espíritu impuro, entra en la casa de Simón Pedro y cura a su suegra, que estaba enferma con fiebre. Más tarde, al caer la tarde, muchas personas le llevan enfermos de toda clase, y Jesús los sana. Finalmente, al amanecer, se retira a un lugar solitario para orar. Cuando la multitud intenta retenerlo, Él responde: «Es necesario que evangelice también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».

En estas palabras encontramos una enseñanza profunda para nuestra vida cristiana. Jesús nos muestra el camino del servicio, de la oración y de la misión.

Primera clave: Jesús se acerca a los que sufren

La primera imagen que nos ofrece el Evangelio es la de Jesús acercándose a una mujer enferma. La suegra de Pedro está postrada con fiebre, incapaz de servir. Jesús se inclina sobre ella, la toma de la mano y la cura.

Este gesto revela el corazón misericordioso de Dios. Nuestro Señor no permanece distante ante el sufrimiento humano. Él se acerca, toca nuestras heridas y nos devuelve la esperanza.

También hoy existen muchas formas de enfermedad. Hay enfermedades físicas, pero también enfermedades del alma: la tristeza, la soledad, el miedo, el resentimiento, la falta de sentido de la vida o la pérdida de la fe.

Cuántas personas viven aparentemente bien por fuera, pero interiormente llevan grandes heridas. Cristo sigue acercándose a ellas a través de su Palabra, de los sacramentos y de la cercanía de la comunidad cristiana.

San Juan Crisóstomo decía: «Nada hace al hombre tan semejante a Dios como la misericordia».

Por eso, el cristiano está llamado a imitar a Cristo acercándose a quienes sufren. Una visita a un enfermo, una palabra de consuelo, una llamada telefónica o una escucha sincera pueden convertirse en instrumentos de la gracia de Dios.

Segunda clave: La oración alimenta la misión

Después de una jornada llena de actividad, Jesús busca un lugar solitario para orar.

Este detalle es muy importante. Jesús nos enseña que la misión nace de la unión con el Padre. Antes de hablar de Dios a los demás, debemos hablar con Dios.

Vivimos en una sociedad acelerada, llena de ruido, prisas y distracciones. Muchas veces tenemos tiempo para todo menos para rezar. Sin embargo, cuando descuidamos la oración, nuestra vida espiritual comienza a debilitarse.

San Francisco de Asís recomendaba a sus hermanos: «Nada impidáis al Espíritu del Señor obrar en vosotros».

Y el Espíritu actúa especialmente en el silencio de la oración.

La oración no es una pérdida de tiempo; es el momento en que Dios fortalece nuestra fe, ilumina nuestras decisiones y nos concede la fuerza necesaria para afrontar las dificultades.

Preguntémonos hoy:

  • ¿Dedico cada día un tiempo al encuentro con Dios?
  • ¿Busco momentos de silencio para escuchar su voz?
  • ¿Alimento mi alma con la oración y la Palabra de Dios?

Tercera clave: Todo bautizado es enviado a evangelizar

Cuando la gente quiere retener a Jesús, Él responde: «Para esto he sido enviado».

Jesús sabe que su misión es anunciar el Reino de Dios a todos. No puede quedarse únicamente donde es acogido; debe llevar la Buena Noticia a todas partes.

Esta misma misión continúa hoy en la Iglesia.

Por el bautismo, todos hemos sido enviados a anunciar el Evangelio. No solamente los sacerdotes, religiosos o misioneros. También los padres de familia, los profesores, los jóvenes, los ancianos y cada bautizado.

El Papa Francisco recuerda con frecuencia que cada cristiano es un discípulo misionero.

Muchas veces pensamos que evangelizar consiste únicamente en predicar. Sin embargo, la primera forma de evangelización es el testimonio de una vida coherente.

Se evangeliza cuando se perdona, cuando se sirve con alegría, cuando se ayuda al necesitado, cuando se vive con honestidad y cuando se transmite esperanza en medio de las dificultades.

La primera lectura nos recuerda que somos «colaboradores de Dios». ¡Qué grande es esta vocación! Dios quiere contar con nosotros para hacer llegar su amor al mundo.

Conclusión

Queridos hermanos, el Evangelio de hoy nos invita a contemplar tres enseñanzas fundamentales de Jesús: acercarnos a quienes sufren, alimentar nuestra vida con la oración y vivir con espíritu misionero.

Pidamos al Señor la gracia de tener un corazón compasivo como el suyo, una vida profunda de oración y un ardiente deseo de anunciar el Evangelio allí donde nos encontremos.

Que María, Madre de la Iglesia y primera discípula misionera, nos ayude a llevar a Cristo a los demás con nuestra palabra y con nuestro testimonio.

Amén.

Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM