
Mt 1, 1-16.18-23 «La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo»
Queridos hermanos y hermanas, Paz y Bien.
Hoy la Iglesia celebra con alegría la Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María. Normalmente la Iglesia celebra el día de la muerte de los santos, porque es el día de su nacimiento para el cielo. Sin embargo, solamente celebra tres nacimientos: el de Jesucristo, el de San Juan Bautista y el de la Virgen María. Esto nos muestra la importancia única de María en la historia de la salvación.
La liturgia de hoy no nos presenta simplemente el nacimiento de una niña en una familia de Israel. Nos presenta el inicio de una nueva esperanza para toda la humanidad. Con el nacimiento de María comienza a despuntar la aurora que anuncia la llegada del Sol de Justicia, Jesucristo, nuestro Salvador.
Como decía San Juan Damasceno:
«Hoy nace la puerta por la que Cristo entrará en el mundo.»
La fiesta de hoy nos invita a contemplar tres grandes enseñanzas para nuestra vida cristiana.
Primera clave: Dios prepara la salvación con paciencia y amor
El Evangelio comienza con una larga genealogía. A primera vista puede parecer una lista aburrida de nombres, pero en realidad encierra una profunda enseñanza espiritual.
Cada nombre representa una historia, una familia, una generación.
Dios ha ido preparando durante siglos la llegada de Cristo.
Nada ocurre por casualidad.
La historia de la salvación nos enseña que Dios actúa con paciencia.
Muchas veces nosotros queremos soluciones inmediatas. Queremos que Dios responda rápidamente a nuestras oraciones y resuelva nuestros problemas según nuestros planes.
Sin embargo, Dios tiene sus tiempos.
La primera lectura nos recuerda que María pertenece al plan eterno de Dios. Desde toda la eternidad había sido elegida para ser la Madre del Salvador.
También nuestra vida forma parte de un proyecto de amor.
Quizá hoy no comprendamos muchas situaciones que vivimos, pero Dios sigue guiando nuestra historia.
Santa Teresa de Jesús decía:
«Nada te turbe, nada te espante; quien a Dios tiene nada le falta.»
La vida de María nos enseña a confiar en los tiempos de Dios.
Segunda clave: María es la aurora que anuncia a Cristo
Cuando nace María, todavía no ha llegado Jesús al mundo. Sin embargo, con su nacimiento comienza una nueva etapa de la historia de la humanidad.
Los Padres de la Iglesia comparaban a María con la aurora.
Antes de salir el sol aparece la luz del amanecer. Del mismo modo, antes de la venida de Cristo aparece María.
Toda la misión de María consiste en conducirnos hacia Jesús.
Ella nunca busca protagonismo para sí misma.
Todo en su vida apunta hacia Cristo.
Por eso la Iglesia la llama:
- Madre de Dios.
- Arca de la Nueva Alianza.
- Puerta del Cielo.
- Estrella de la Evangelización.
San Luis María Grignion de Montfort afirmaba:
«A Jesús se llega más fácilmente por María.»
Cuántas personas han encontrado a Cristo gracias a la intercesión de la Virgen.
También nosotros estamos llamados a seguir su ejemplo.
El cristiano auténtico no busca que los demás lo admiren a él, sino que descubran a Cristo a través de su testimonio.
Tercera clave: María nos enseña a vivir la confianza y la disponibilidad
La niña que hoy nace en Belén o Nazaret —según la antigua tradición— llegará a convertirse en la mujer del «sí».
Toda la grandeza de María se resume en una palabra: disponibilidad.
Cuando el ángel le anuncie el plan de Dios, responderá:
«Hágase en mí según tu palabra.»
Esa actitud comenzó mucho antes de la Anunciación. Fue el fruto de una vida abierta a Dios.
Vivimos en una cultura marcada por el individualismo, donde muchas veces queremos decidir todo según nuestros propios intereses.
María nos enseña otro camino: el de la confianza.
Ella no comprendía todos los acontecimientos de su vida, pero confiaba plenamente en Dios.
Estuvo presente en Belén, en Nazaret, en el Calvario y en Pentecostés.
Siempre permaneció fiel.
El Papa Benedicto XVI decía:
«María creyó que nada es imposible para Dios.»
Esta es también nuestra vocación.
Confiar cuando llegan las pruebas.
Confiar cuando no entendemos.
Confiar cuando el camino parece difícil.
Porque Dios nunca abandona a quienes ponen en Él su esperanza.
Conclusión
Queridos hermanos y hermanas, hoy celebramos con alegría el nacimiento de María, la Madre de Jesús y Madre nuestra.
Su nacimiento anuncia la llegada del Salvador.
Su vida nos enseña a confiar en los planes de Dios.
Y su ejemplo nos invita a vivir con humildad, disponibilidad y fidelidad.
Pidamos hoy a la Virgen María que nos acompañe en nuestro camino de fe.
Que ella nos ayude a descubrir la voluntad de Dios para nuestra vida y a responder con generosidad como ella lo hizo.
Que cada uno de nosotros pueda repetir cada día con confianza:
«Hágase en mí según tu palabra.»
Amén.
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM