
“Buscar a Dios por encima de todo”
En este sábado del Tiempo Ordinario, la Iglesia nos invita también a contemplar la figura de San Francisco de Borja y la presencia maternal de la Virgen María. Ambos nos enseñan una misma verdad espiritual: solo Dios permanece para siempre, y quien pone su vida en sus manos encuentra el verdadero sentido de la existencia.
San Francisco de Borja, hombre noble y poderoso de su tiempo, descubrió que las riquezas, el prestigio y el poder humano pasan rápidamente. Después de experimentar la fragilidad de la vida, decidió entregar totalmente su corazón a Cristo y servirle con humildad.
Primera clave: Todo en este mundo es pasajero.
La vida humana cambia rápidamente. Muchas veces nos preocupamos demasiado por cosas materiales, éxitos o reconocimientos que un día desaparecen.
San Francisco de Borja comprendió profundamente esta realidad cuando dijo: “Nunca más servir a señor que se me pueda morir.” Desde entonces decidió dedicar toda su vida a Dios.
También nosotros necesitamos preguntarnos: ¿qué ocupa el primer lugar en nuestro corazón? Solo Dios puede llenar plenamente el alma humana y dar una felicidad duradera.
Segunda clave: María nos enseña a vivir con humildad y confianza.
El sábado es tradicionalmente un día dedicado a la Virgen María. Ella vivió una vida sencilla, silenciosa y totalmente confiada en Dios.
María no buscó honores ni grandezas humanas; su alegría consistía en hacer la voluntad del Señor. Por eso se convirtió en modelo perfecto del discípulo fiel.
En medio de las preocupaciones y dificultades de la vida, María nos enseña a confiar, a guardar la paz interior y a caminar siempre unidos a Dios.
Tercera clave: La verdadera grandeza está en servir.
San Francisco de Borja dejó privilegios humanos para seguir a Cristo con espíritu de servicio. Descubrió que la verdadera grandeza no consiste en dominar, sino en amar y servir a los demás.
El Evangelio nos recuerda continuamente que el camino cristiano pasa por la humildad, la entrega y la caridad concreta hacia los hermanos.
Cada día tenemos oportunidades sencillas para vivir esta vocación: escuchar, ayudar, perdonar, acompañar y servir con amor en nuestra familia, comunidad y trabajo.
Queridos hermanos, este sábado el Señor nos invita a levantar la mirada hacia lo eterno. Todo pasa, pero el amor de Dios permanece para siempre.
Pidamos a la Virgen María y a San Francisco de Borja la gracia de vivir con un corazón libre, humilde y totalmente centrado en Cristo.
Que aprendamos a buscar primero el Reino de Dios y a servir con alegría allí donde el Señor nos ha colocado.
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM