LUCAS 10, 1–12 “Descansará sobre ellos vuestra paz”

Hoy celebramos la memoria de Santa Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones y doctora de la Iglesia. Aunque vivió escondida en un convento carmelita y nunca salió a predicar por el mundo, su corazón ardía de amor por Cristo y por la salvación de las almas. Ella comprendió que la verdadera misión nace del amor.

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús enviando a los setenta y dos discípulos para anunciar el Reino de Dios y llevar la paz a todos los pueblos.

Primera clave: Todo cristiano es enviado en misión.

Jesús envía a sus discípulos de dos en dos delante de Él. La misión no es solo tarea de sacerdotes o religiosos; todo bautizado está llamado a anunciar el Evangelio con su vida.

Muchas veces pensamos que evangelizar significa hacer grandes cosas, pero Santa Teresita nos enseña el “caminito espiritual”: amar a Dios en lo pequeño, vivir con humildad y ofrecer cada gesto cotidiano con amor.

La verdadera misión comienza en el corazón: allí donde vivimos la caridad, la paciencia, el perdón y la sencillez.

Segunda clave: La paz de Cristo transforma los corazones.

Jesús dice a los discípulos: “Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa.” El cristiano está llamado a ser portador de paz en medio del mundo.

Vivimos en una sociedad llena de tensiones, divisiones y preocupaciones. Muchas personas tienen heridas interiores, miedo y soledad. Por eso el mundo necesita corazones que transmitan la paz de Cristo.

Santa Teresita irradiaba paz porque confiaba plenamente en el amor de Dios. Su vida sencilla sigue tocando millones de corazones hasta hoy.

Tercera clave: La esperanza nace de la confianza en Dios.

La primera lectura nos regala una frase llena de fe: “Yo sé que mi Redentor vive.” En medio del sufrimiento y de la prueba, Job mantiene la esperanza.

También Santa Teresa vivió momentos de oscuridad interior y enfermedad, pero nunca perdió la confianza en Dios. Ella descubrió que la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en abandonarse totalmente en las manos del Señor.

Cuando ponemos nuestra vida en Dios, encontramos fuerza para seguir adelante incluso en las dificultades.

Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a vivir la misión con sencillez, humildad y amor. Como Santa Teresita, estamos llamados a ser pequeñas luces que lleven la paz y la esperanza de Cristo al mundo.

Pidamos la gracia de tener un corazón sencillo y misionero, capaz de amar mucho en las pequeñas cosas de cada día.

Santa Teresa del Niño Jesús, ruega por nosotros. Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM