Lc 9, 57-62 «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios»

Queridos hermanos y hermanas, Paz y Bien.

Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Jerónimo, uno de los grandes doctores de la Iglesia. Fue un hombre apasionado por la Palabra de Dios, traductor de la Biblia al latín y profundo amante de las Sagradas Escrituras. A él debemos una frase que ha quedado grabada en la historia de la Iglesia:

«Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo.»

Providencialmente, el Evangelio de hoy nos habla del seguimiento radical de Jesús. Varias personas manifiestan su deseo de seguir al Señor, pero cada una pone alguna condición o presenta alguna excusa. Jesús responde con palabras que pueden parecer exigentes, pero que revelan la grandeza de la vocación cristiana.

Seguir a Cristo no es una ocupación secundaria. Es la decisión más importante de la vida.

A la luz de este Evangelio y del ejemplo de San Jerónimo, reflexionemos sobre tres enseñanzas fundamentales.

Primera clave: Seguir a Cristo exige ponerlo en el primer lugar

El primer hombre del Evangelio dice a Jesús:

«Te seguiré adondequiera que vayas.»

Jesús le responde:

«Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»

Con estas palabras, el Señor quiere enseñar que el discipulado implica desprendimiento.

Seguir a Cristo no significa simplemente admirarlo.

Significa permitir que Él ocupe el primer lugar de nuestra vida.

Vivimos en una sociedad donde muchas cosas compiten por ocupar el centro:

  • el trabajo,
  • el dinero,
  • el prestigio,
  • las comodidades,
  • las preocupaciones cotidianas.

Pero Jesús nos recuerda que el corazón humano solo encuentra su plenitud cuando Dios ocupa el lugar principal.

San Jerónimo renunció a una vida cómoda y prestigiosa para dedicarse completamente al estudio de la Palabra de Dios.

Comprendió que nada vale más que Cristo.

También nosotros debemos preguntarnos:

¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida?

¿Es realmente el centro de mis decisiones?

¿O lo dejo en un segundo plano cuando aparecen otras prioridades?

La santidad comienza cuando Cristo se convierte en nuestro tesoro más grande.

Segunda clave: La llamada de Dios exige una respuesta generosa

El segundo hombre recibe una invitación directa:

«Sígueme.»

Pero responde:

«Déjame primero ir a enterrar a mi padre.»

Jesús responde con unas palabras difíciles:

«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.»

Jesús no está despreciando la familia ni los deberes humanos.

Lo que quiere enseñar es que el Reino de Dios no puede quedar siempre pospuesto.

Con frecuencia encontramos excusas para retrasar nuestra respuesta al Señor.

Pensamos:

  • «Más adelante rezaré más.»
  • «Cuando tenga tiempo me acercaré más a Dios.»
  • «Cuando resuelva mis problemas empezaré a cambiar.»

Pero la llamada de Dios siempre es actual.

Dios llama hoy.

Dios espera una respuesta hoy.

San Agustín confesaba que durante años repetía:

«Señor, conviérteme, pero todavía no.»

Hasta que comprendió que el momento de responder era el presente.

La fe auténtica exige decisiones concretas.

No podemos vivir aplazando continuamente nuestra conversión.

Tercera clave: El discípulo no puede vivir mirando hacia atrás

La tercera persona dice:

«Te seguiré, Señor, pero déjame antes despedirme de los de mi casa.»

Jesús responde:

«El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios.»

Esta imagen era muy clara para quienes trabajaban en el campo.

Un agricultor que ara mirando constantemente hacia atrás termina trazando surcos torcidos.

Del mismo modo, el discípulo debe caminar hacia adelante con decisión.

Muchas veces vivimos atados al pasado:

  • a errores cometidos,
  • a heridas antiguas,
  • a fracasos,
  • a resentimientos,
  • o incluso a éxitos que ya quedaron atrás.

Pero Dios nos llama a mirar hacia adelante.

La vida cristiana es un camino de esperanza.

San Pablo decía:

«Olvidando lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está delante, corro hacia la meta.» (Flp 3,13-14)

La fidelidad cristiana requiere perseverancia.

No basta comenzar bien.

Es necesario continuar caminando.

San Jerónimo dedicó toda su vida al servicio de la Palabra de Dios. No se dejó vencer por las dificultades ni por los obstáculos.

Su perseverancia lo convirtió en una de las grandes figuras de la Iglesia.

También nosotros estamos llamados a caminar con decisión, sin mirar atrás y sin perder de vista a Cristo.

Conclusión

Queridos hermanos y hermanas, el Evangelio de hoy nos recuerda que seguir a Jesús exige radicalidad, generosidad y perseverancia.

Cristo nos invita:

  • a ponerlo en el primer lugar de nuestra vida,
  • a responder sin retrasos a su llamada,
  • y a caminar hacia adelante con esperanza y fidelidad.

Al concluir este mes de septiembre, pidamos al Señor la gracia de renovar nuestro compromiso cristiano.

Que no vivamos una fe superficial o cómoda, sino una fe profunda, capaz de seguir a Cristo con todo el corazón.

Y que San Jerónimo nos ayude a amar cada vez más la Sagrada Escritura, para que al conocer la Palabra de Dios podamos conocer y amar más profundamente a Jesucristo.

San Jerónimo, ruega por nosotros.

Amén.

Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM