“Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Flp 4, 13)
La Palabra de Dios de hoy nos invita a reflexionar sobre la verdadera riqueza y sobre la fidelidad del corazón. Tanto el Evangelio como la carta de San Pablo nos enseñan que el cristiano no debe poner su seguridad en el dinero ni en las cosas materiales, sino en Dios.
Vivimos en un mundo donde muchas veces el éxito, el poder y el dinero parecen ocupar el primer lugar. Pero Jesús nos recuerda hoy que las riquezas pasan, mientras que el amor de Dios permanece para siempre.
Primera clave: La verdadera fuerza viene de Cristo.
San Pablo afirma con gran confianza:
“Todo lo puedo en aquel que me conforta.”
Estas palabras nacen de la experiencia de un hombre que sufrió:
- persecuciones,
- cárceles,
- hambre,
- cansancio,
- y dificultades.
Y aun así, Pablo vive lleno de paz porque su fuerza no depende de las circunstancias, sino de Cristo.
Muchas veces nosotros nos sentimos débiles:
- ante los problemas,
- las enfermedades,
- las preocupaciones,
- o las dificultades familiares y espirituales.
Pero hoy el Señor nos recuerda:
No estamos solos.
Cristo camina con nosotros y nos sostiene.
San Agustín decía:
“Cuando Dios es tu fuerza, ninguna debilidad puede destruirte.”
Qué importante es aprender a apoyarnos más en Dios y menos en nuestras propias seguridades.
Segunda clave: La fidelidad en las pequeñas cosas abre el corazón a Dios.
Jesús dice en el Evangelio:
“Si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera?”
El Señor nos enseña que la fidelidad en lo pequeño tiene un gran valor delante de Dios.
La vida cristiana se construye en los pequeños gestos de cada día:
- la honestidad,
- la responsabilidad,
- la oración diaria,
- el amor en la familia,
- el servicio humilde,
- y la sinceridad del corazón.
A veces pensamos que la santidad consiste solamente en hacer cosas extraordinarias. Pero los santos nos enseñan que la santidad nace de la fidelidad cotidiana.
Santa Teresa de Calcuta decía:
“No estamos llamados a hacer cosas grandes, sino cosas pequeñas con un gran amor.”
Dios mira el corazón fiel y sencillo.
Tercera clave: No se puede servir a Dios y al dinero.
El Evangelio termina con una frase muy fuerte:
“No podéis servir a Dios y al dinero.”
Jesús no condena las cosas materiales, pero sí el corazón esclavizado por ellas.
Cuando el dinero ocupa el lugar de Dios:
- nace el egoísmo,
- la injusticia,
- la indiferencia,
- y el vacío interior.
Por eso Cristo nos invita a vivir con libertad interior y confianza en la Providencia.
El salmo de hoy proclama:
“Dichoso quien teme al Señor.”
La verdadera felicidad no está en tener mucho, sino en vivir cerca de Dios.
También hoy nuestra sociedad necesita cristianos:
- generosos,
- honestos,
- sencillos,
- y capaces de compartir.
La fe auténtica transforma nuestra manera de usar los bienes materiales y nos hace más solidarios con los pobres y necesitados.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a confiar plenamente en Cristo, a ser fieles en las pequeñas cosas y a vivir con un corazón libre.
Pidamos a la Virgen María, a quien recordamos especialmente este sábado, que nos enseñe a vivir con humildad, confianza y fidelidad al Señor.
Que podamos repetir cada día con San Pablo:
“Todo lo puedo en aquel que me conforta.”
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM