[Ageo] “¿Quién entre vosotros vive todavía, de los que vieron este templo en su esplendor primitivo? ¿Y qué veis vosotros ahora? ¿No es como si no existiese ante vuestros ojos? ¡Animo! pueblo entero -oráculo del Señor-,a la obra: que yo estoy con vosotros”
Aunque `gran necedad es decir ^cualquier tiempo pasado fue mejor^` (Eclesiastés 7, 10), esa o “Juventud, divino tesoro” son dos frases recogidas en el acervo popular con las que se hace patente la tentación de aferrarse al recuerdo idealizado de nuestro pasado, un pasado que no volverá y que no tiene mucho que ver con el recuerdo nostálgico con el que se nos hace presente su imagen idealizada. Hoy podemos aplicar esto tanto a la Iglesia que conocemos como a nosotros mismos y a nuestra vida:
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Si recordáramos con objetividad lo negativo del ayer tanto como lo que hoy es mejor y tuviéramos una memoria con mayor perspectiva diríamos “no podemos volver atrás, ¡gracias a Dios!” y “lo mejor siempre está por llegar”.
[Lucas] “El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día.”
Sobre todo para los creyentes que viven de su fe, y no sólo de sus costumbres religiosas, a pesar del desgaste de los años y de las apreturas y sufrimientos del momento presente, en efecto, lo mejor siempre está por llegar porque nuestra vida es una peregrinación en ascenso, una evolución, un crecimiento incesante haciendo nuestra la estatura del hombre Cristo Jesús bajo la guía y el sostén del Espíritu Santo. Sin mantener esto vivo y en pie es difícil tener esperanza en el futuro de la humanidad o en el propio, como tampoco resultaría sencillo tener fe en la Iglesia. Sólo la fe recta y viva mantiene en pie la esperanza. No dejemos de hacer crecer nuestra fe viviéndola con coherencia.