[Lucas] “Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche para decirle: “Amigo, préstame…”. Os digo que si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá.”
Desde la mera experiencia empírica nos resulta a todos muy difícil tener como objetivamente ciertas estas palabras de Jesús porque tantas veces pedimos insistentemente y no conseguimos obtener aquello por lo que clamamos, claro que, por ejemplo, desde la mera experiencia empírica no hay modo de plantear la existencia de Dios.
“Sí cuando pides no obtienes lo que pides es porque o lo que pides no es bueno o lo pides mal” (S. Ignacio). Aún pidiendo mal o incluso pidiendo cosas cuestionables no debemos dejar de pedir, de buscar, de llamar porque eso significará que conocemos nuestro lugar ante Dios y, sobre todo, que sabemos quién y cómo es Él. Este “ejercicio” nos enseñará a pedir con una actitud justa, purificada y, por consiguiente, fecunda así como a no pretender conseguir lo que no sea bueno, ecuánime o solidario. Esto marcará la diferencia y hará mejor nuestra vida.
[Malaquias] “Me compadeceré de ellos, como un padre se compadece del hijo que lo sirve. Entonces veréis la diferencia entre justos e impíos, entre los que sirven a Dios y los que no lo sirven.”