Es tiempo de cambiar…

Este pasado domingo, tuvimos el retiro de Adviento para comenzar ese viaje a contrapelo del turismo predominante, desde nuestra Jerusalén hacia la Belén de lo humilde y minúsculo.

Y es que en medio de estos tiempos, del Black Friday, del consumismo, aparecen con más claridad las debilidades, fisuras y limitaciones que nosotros mismos nos marcamos y necesitamos de este tiempo para recordar que hay caminos que pueden reorientar nuestras fuerzas para ahondar y ser creyentes en el Reino…

Es un reto personal que cada uno de manera individual se marca… ¿Diremos como Nicodemo que es un reto hermoso pero imposible?… Pues habría que eliminar esa palabra de nuestro vocabulario porque lo que nos imposibilitan estos retos son nuestros miedos, comodidades, no querer complicarnos ni lanzarnos a la piscina, pero este Retiro impartido por nuestro Párroco, nos pone las pilas para prepararnos ante la llamada de Jesús a nuestras puertas.

Ana

Renacer y Perseverar.

El Adviento nos regala la oportunidad de renacer y perseverar, o mejor, de perseverar un año más en la esperanza de renacer, de comenzar a escribir nuestra vida en un folio en blanco, inmaculado, como nuestra Madre.

A diferencia de ella y pese a nuestro mejor propósito, nuestra hoja lucirá tarde o temprano enmiendas y tachaduras, sin que éstas deban ser motivo de hundimiento. Adviento es tiempo de esperanza pero también de penitencia, y qué mejor modo de limpiar el pesebre de nuestra alma que vaciándolo del orgullo humano que nos impide aceptar nuestra debilidad tanto como nos aleja del Dios Humildad que viene a nacer en y como nosotros.

Dios pregunta por cada uno al inicio del Adviento, pregunta porque respeta nuestra libertad y nuestro tiempo, porque (en palabras de nuestro párroco) “la debilidad de Dios es la Omnipotencia de su amor”, ¡de su amor por nosotros!, y por ello mendiga un corazón sencillo y cálido donde nacer: está en nuestra mano preparárselo.

En este Retiro de Adviento hemos recibido un nuevo cuaderno para la historia de nuestra Vida junto a Él, la hoja de calco del ejemplo de María, y las brasas encendidas de un Amor que renace en nosotros con la ilusión y la esperanza de un Niño. Y ese Niño nos mira, con sus ojos de Dios, para enseñarnos a mirar y mirarnos del mismo modo.

Victoria