
“No es Dios de muertos, sino de vivos”
Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Carlos Luanga y sus compañeros mártires, jóvenes cristianos africanos que dieron su vida por amor a Cristo. Su testimonio nos recuerda que la fe verdadera no se vive solo con palabras, sino con una entrega total al Señor.
En el Evangelio, Jesús responde a los saduceos: “Él no es Dios de muertos, sino de vivos.”
Nuestra fe cristiana está fundada en Cristo resucitado. La muerte no tiene la última palabra. Dios nos ha creado para la vida eterna.
Primera clave: Reaviva el don de Dios.
San Pablo dice a Timoteo: “Reaviva el don de Dios que hay en ti.”
La fe necesita alimentarse cada día:
• con la oración,
• con la Eucaristía,
• con la Palabra de Dios,
• y con el testimonio cristiano.
Muchas veces el cansancio o las preocupaciones apagan nuestra vida espiritual. El Señor nos invita hoy a renovar el fuego de la fe.
Segunda clave: Dios nos llama a la vida eterna.
Jesús nos recuerda que Dios es Dios de vivos. El cristiano vive con esperanza porque Cristo ha vencido la muerte.
En medio de un mundo lleno de miedo e incertidumbre, el Evangelio anuncia una gran esperanza: la vida continúa en Dios.
San Agustín de Hipona decía: “Para los que aman a Dios, la muerte no es el final, sino el comienzo de la verdadera vida.”
Tercera clave: El testimonio transforma el mundo.
San Carlos Luanga y sus compañeros eran jóvenes sencillos, pero su fidelidad cambió la historia de la Iglesia en África. También hoy el Señor necesita cristianos valientes:
• jóvenes con fe,
• familias unidas,
• sacerdotes fieles,
• y creyentes que sean luz en medio del mundo.
La santidad comienza en la fidelidad cotidiana.
Conclusión: Pidamos hoy al Señor:
• reavivar nuestra fe,
• vivir con esperanza en la resurrección,
• y ser testigos valientes del Evangelio.
Que San Carlos Luanga y sus compañeros mártires intercedan por nosotros para permanecer siempre firmes en Cristo. Amén.
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM