
La Palabra de Dios de hoy nos recuerda la misión y la identidad del cristiano en medio del mundo. Jesús dice a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo.”
Cristo, que es la verdadera luz, quiere que también nosotros iluminemos con nuestra vida a quienes viven en la oscuridad del sufrimiento, del pecado o de la desesperanza.
Primera clave: El cristiano está llamado a ser luz.
La luz no existe para sí misma, sino para iluminar. Del mismo modo, la fe no puede quedarse encerrada solamente en el corazón; debe reflejarse en nuestra vida diaria.
Jesús nos invita a ser luz:
• en la familia,
• en el trabajo,
• en la comunidad,
• y en la sociedad.
Hoy el mundo necesita personas que transmitan:
• bondad,
• esperanza,
• verdad,
• y misericordia.
Muchas veces vivimos rodeados de oscuridades:
• violencia,
• egoísmo,
• indiferencia,
• y pérdida de fe.
Pero un pequeño gesto de amor puede iluminar mucho.
San Juan Crisóstomo decía: “El cristiano debe ser una lámpara que ilumina a todos.”
Segunda clave: La confianza en Dios nunca defrauda.
En la primera lectura, la viuda de Sarepta comparte lo poco que tiene con el profeta Elías. Humanamente parecía imposible sobrevivir, pero ella confía en la palabra del Señor. Y sucede el milagro: “La orza de harina no se vació.” Dios nunca abandona a quienes confían en Él.
También nosotros muchas veces vivimos preocupados:
• por el futuro,
• por las dificultades económicas,
• por las enfermedades,
• o por las inseguridades de la vida.
El Evangelio nos invita a vivir con confianza y generosidad.
San Agustín de Hipona afirmaba: “Dios es más cercano a nosotros que nosotros mismos.”
Cuando ponemos nuestra vida en manos de Dios, descubrimos que su providencia nunca falla.
Tercera clave: Las obras hablan de Dios.
Jesús dice: “Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.”
La evangelización no depende solamente de palabras o discursos. Muchas veces el testimonio silencioso vale más que muchas explicaciones.
Evangelizamos:
• cuando ayudamos al necesitado,
• cuando perdonamos,
• cuando vivimos con humildad,
• cuando damos paz,
• y cuando actuamos con amor.
San Efrén el Sirio enseñaba con sus himnos y su vida que la belleza de la fe conduce a Dios. El mundo necesita cristianos coherentes, capaces de reflejar la luz de Cristo en medio de la oscuridad.
Conclusión:
Queridos hermanos: Hoy Jesús nos recuerda que hemos sido llamados a ser luz del mundo. No escondamos nuestra fe ni nuestra esperanza.
Pidamos al Señor la gracia de:
• vivir con confianza en su providencia,
• realizar obras de amor y misericordia,
• y reflejar siempre la luz de Cristo en nuestra vida cotidiana.
Que María Santísima, estrella luminosa de la evangelización, nos acompañe y nos enseñe a llevar la luz del Evangelio a todos los corazones. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM