
Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
La Palabra de Dios de este domingo nos habla de una realidad muy presente en la vida humana: el miedo.
Vivimos en una sociedad marcada muchas veces por:
* el miedo al futuro,
* el miedo a la enfermedad,
* el miedo al rechazo,
* el miedo a perder seguridades,
* e incluso el miedo a defender la verdad.
Y precisamente en medio de todo esto, Jesús nos repite hoy varias veces: “No tengáis miedo.” Estas palabras no son simplemente un consejo humano.
Son una invitación a confiar plenamente en Dios.
Primera clave: El miedo puede alejarnos de la verdad.
En el Evangelio, Jesús prepara a sus discípulos para las dificultades y persecuciones. Les dice que habrá oposición, rechazo y sufrimiento.
También el profeta Jeremías, en la primera lectura, experimenta:
* burlas,
* amenazas,
* persecución,
* y soledad.
Pero Jeremías no abandona su misión porque sabe que Dios está con él.
Hoy también existe la tentación de callar la verdad por miedo:
* miedo a quedar mal,
* miedo a ir contra la corriente,
* miedo a defender la fe,
* miedo a vivir el Evangelio con coherencia.
Muchas veces el mundo intenta manipular el miedo para controlar la verdad.
Pero Jesús nos recuerda: “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.”
San Juan Pablo II repetía constantemente: “No tengáis miedo. Abrid de par en par las puertas a Cristo.” Cuando Cristo ocupa el centro de la vida, el miedo pierde fuerza.
Segunda clave: Dios conoce y cuida cada detalle de nuestra vida.
Jesús utiliza una imagen muy hermosa: “Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.” Esto significa que Dios nos conoce profundamente. Nada de nuestra vida le es indiferente.
A veces pensamos que estamos solos:
* en nuestras luchas,
* en el sufrimiento,
* en las dificultades familiares,
* en los problemas económicos o personales.
Pero Dios nunca abandona a sus hijos. El Señor cuida incluso de los pequeños gorriones, y nosotros valemos muchísimo más para Él.
San Agustín decía: “Dios está más cerca de nosotros que nosotros mismos.” La fe no elimina automáticamente los problemas, pero sí nos da la certeza de que nunca caminamos solos.
Tercera clave: El cristiano está llamado a dar testimonio con valentía.
Jesús dice: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo.”
La fe no puede quedarse escondida solamente dentro del templo.
Estamos llamados a ser testigos:
* en la familia,
* en el trabajo,
* en la sociedad,
* y en medio del mundo actual.
Hoy hacen falta cristianos:
* valientes,
* coherentes,
* llenos de esperanza,
* y firmes en la verdad del Evangelio.
San Francisco de Asís decía: “Predicad el Evangelio en todo momento, y si es necesario, también con las palabras.” El mundo necesita testigos auténticos que vivan sin miedo porque confían en Cristo.
La segunda lectura nos recuerda además que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia de Dios. El mal no tiene la última palabra. Cristo ha vencido el pecado y la muerte.
Conclusión
Queridos hermanos:
Hoy Jesús nos repite al corazón: “No tengáis miedo.”
No tengamos miedo:
* de vivir la fe,
* de defender la verdad,
* de amar a Cristo,
* ni de confiar plenamente en Dios.
Pidamos al Señor la gracia de:
* vencer nuestros miedos,
* vivir con esperanza,
* y dar testimonio valiente del Evangelio en medio del mundo.
Que María Santísima, Madre de la confianza y de la esperanza, nos acompañe siempre y nos enseñe a caminar con fe incluso en medio de las dificultades. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM